12 jul 2012


ECLIPSE AMADA LIBERTAD

Foto propiedad de Silvia Orellana. Amada Libertad en el Volcán de San Salvador, marzo de 1991.
“15 Julio 1991.
Argelia:
Un gran beso y todo mi amor, espero esté bien
de Salud. La extraño y espero verla pronto.
Yo la estoy esperando pues estoy preocupada
porque sólo 1 carta he recibido de usted
la primerita que me mandó y he estado soñando
con usted pero la veo enferma…
y también soñé con Elena pero con ella soñé
bonito. Este día pedí que me hablaran donde
ella está y me averigüen como está.”
Maya1
               Foto propiedad de Silvia Orellana.
      Amada Libertad en el Volcán de San Salvador,
        marzo de 1991.

Recordé que ya la había visto antes, con el pelo suelto y largo. La veía cerca de Periodismo en la Universidad de El Salvador donde nosotros teníamos un local llamado la PEP (Proyección de Estudiantes de Periodismo, si no mal recuerdo) a la entrada de ese edificio. Claro, entonces no era bueno hablarse mucho si no se sabía en qué andaba el otro.  Volví a verla en los años 90 y allí sí pudimos hablar un poco más y conocernos también.
Elena tenía esa risa y sonrisa tan contagiantes que te sacaba hasta las lágrimas de tanto reír. A veces, la recuerdo con ese cabello larguísimo, suelto al viento, a la brisa del Volcán de San Salvador caminando entre nosotros y diciendo un chistecito. Cuando el chiste no era muy bueno sonreía sacando la lengua por un lado de su boca al estilo de Candy, esa famosa caricatura que tanto dio de hablar en nuestra época. Me gustaba verle ese gesto y me preguntaba cómo podía mantener esa ternura en medio de tanta muerte, en medio de tanto dolor, sufrimiento, aislamiento, melancolía y pasos duros; pero luego la respuesta venía rápidamente: la convicción de que ella y nosotros luchábamos no por nosotros mismos, sino por esa AMADA LIBERTAD para las futuras generaciones y así dar un “regalo para un niño” poema y canción favorita de Noel Hernández, a pesar de que los dioses nos llamen a su encuentro, como decía Jaime Núñez.
Yo seguí bajando y subiendo del Volcán de San Salvador y siempre coincidíamos; nunca coincidimos en Guazapa porque ella fue más del Volcán que de Guazapa y yo sólo subí dos o tres veces a Guazapa. Recuerdo, y con todo respeto lo digo, las tardes esas en la Finca San Chico cuando no había tropa cerca y nos tocaba el baño de la semana, de la quincena o del mes, según los operativos que nos enviaban, cuando por coincidencia, o no, la veíamos tomar el baño junto con todos y nos deslumbraba su figura, que a pesar de tanta hambre, se mantenía excelsa, pero sobretodo su pelo que abrigaba al volcán entero con su manto. Uno se preguntaba cómo, en tan duras circunstancias, su pelo nunca dejó de brillar, nunca dejó de ser alivio al lagrimeo histórico de la esperanza.
Allá por los finales de marzo del 1991, estábamos en un campamento llamado El Buey y hubo una deserción, al parecer el desertor era miembro de la Policía de Hacienda, por lo que nos tuvimos que mover hacia otro campamento llamado Las Margaritas. Al llegar allí, a Ricardo Núñez y a mí nos dijeron que porque no conocíamos la zona, era la primera vez que nosotros dos estábamos en ese campamento, haríamos la posta (guardia) juntos para que no nos perdiéramos. Todo pasó normal hasta que a eso de las 2 a.m. le tocaba la posta a nuestro hermano y amigo Daniel, más conocido como J. B. Ricardo me pidió que yo lo fuera a llamar a su turno y que él se quedaría allí en la posición. Luego cuando yo iba de regreso a la posta a esperar a que Daniel iniciara su turno, tuve, allí sí, un gran dilema, un problema grande que luego se volvió algo risible. En medio de la oscuridad me percaté que del camino de donde había venido tenía una vereda que en cierto punto había una bifurcación. Tuve que tomar una decisión rápida y quise tomar ubicación según los árboles y caminé hacia la derecha. Repentinamente, reconocí que estaba frente al árbol donde hacíamos la posta y quise retroceder, fue en ese justo momento que Ricardo me gritó la consigna… pero no era la correcta. En esos escasos segundos tomé la decisión de corregirlo y le grité que era yo y que la consigna no era “suspiro” sino que “vampiro” y que yo le iba a responder “sapo” y me fui directo a donde él estaba. En la mañana todos los compas se reían de lo que nos había pasado y Ricardo me decía que si lo había puesto en una decisión difícil. Debido a eso, Elena se nos acercó y comenzó a hablar con nosotros. Todo era un chiste ya a esa altura, pero durante esa noche se nos hizo un temblor de nervios. Desde entonces no decido nunca seguir a la derecha.
Elena regresó por la tarde para seguir hablando con nosotros. Habíamos dejado la plática pendiente, sobretodo lo relacionado a la poesía. Yo no escribía todavía, pero me encantaba el tema, entonces escuchaba con mucha pasión lo que ella y Ricardo hablaban. Llegó la noche y se tuvo que ir a su zona. Por la mañana nos mandaron a llamar a los tres, habíamos cometido una falta menor. No estuvimos en formación con nuestros pelotones para escuchar la Radio Venceremos y eso era algo que teníamos que hacer a diario para mantenernos informados, para mejorar la instrucción política y  para levantar la convicción ideológica. Era de suma importancia mantenerse informado para saber qué camino llevaba la lucha y cómo estaban nuestros hermanos de los distintos frentes en el país. Entonces, sólo como una pequeña sanción ejemplarizante, nos dejaron tareas de logística por uno o dos días, no recuerdo bien. Elena no sufrió tanto porque, sobretodo, las tareas fueron en la cocina.
¿Cómo olvidar a la enfermera que junto a Fernando destrozaron la comandancia civil de Quezaltepeque el 8 de abril de 1991? Sí Elena era la enfermera y todos queríamos estar enfermos para que nos atendiera, pero cuando nos dijeron a lo que iba, una operación especial, de infiltración como fuerzas especiales, entonces dejamos las bromas de lado. Ese día, Elena y todos nosotros entristecimos mucho. Había caído Adrián, Eduardo Vargas, estudiante de Sociales en la UES quien era un amigo, hermano como no lo hay. “El guerrero de la sonrisa” como le llamó Jaime Núñez en un poema. Ella se nos acercó a nosotros a hablar de él, estábamos tristes de verdad.   Además, el chele Higinio y el Unicornio estaban heridos. El Unicornio de la frente, allí nacía su apodo-seudónimo porque decíamos que allí había perdido el cuerno.
Con Elena tuvimos mucho más acercamiento pues tuvimos alguna cercanía familiar, ya que fue compañera de mi tío Ever, por lo que yo la miraba como tía también. Fui allí que comencé a traerle los correos a Argelia Quintana con los poemas de Amada Libertad que posteriormente todos conoceríamos. He visto algunas fotocopias de esas páginas y he llegado a reconocerlos porque ella me los mostraba antes de hacerlos del tamaño de un chiclecon cinta scoth para que nadie más pudiera abrirlos.
El 11 de julio de 1991, comenzamos una maniobra militar. Atacamos distintos puntos cercanos a las faldas del Volcán de San Salvador. Comenzamos los ataques temprano, yo ni siquiera pude ver a Elena un día antes. A eso de las 8:00 a.m. nos comentaban que el pelotón loco de Matías había tenido dos bajas efectivas y un herido. Chac, el sietero (artillero de RPG-7) había caído y Elena, la radista, también. Además, Rafael, hermano de mi gran hermano recién fallecido Oscar fotocopia, había perdido el brazo izquierdo.  Como a las 9 a.m. pude ver a Rafael, sin su brazo y con una convicción tan grande que parecía no tener nada, como ahora que no tiene nada y dicen que anda por los contornos del Mercado de Mejicanos mendigando.
A Elena la volví a ver inmediatamente después del eclipse del que tanto habíamos hablado. No sé si fue una alucinación, reflejo del dolor por su muerte o si sí ocurrió, pero la vi con su uniforme negro sonriendo. Cuando le pedí a un compañero que volviera a ver, se esfumó, no se dejó ver más. Mas cada vez que leo la nota enviada por Maya, su hermana, a Argelia cuatro días después de su muerte, creo que ellos de alguna forma se comunican con nosotros. Esa nota demuestra ternura, amor y una dosis de misterio, pues quien de verdad estaba sufriendo en esos días era Argelia; aunque no puedo asegurar que Amada Libertad ya estaba en un lugar mejor, eso es lo que culturalmente se cree. Sus letras, sus poemas, su sonrisa, su ternura siguen tan presentes para nosotros los que no los olvidamos nunca, 21 años después del eclipse, 21 después más de sus 21 años de vida, 21 años de seguir luchando por alcanzar esa anhelada AMADA LIBERTAD…

La paz aún se esconde tras su misérrima máscara,
gotas de llanto caen sobre nuestro pecho
como rayos de luna en eclipse de guerra
y la libertad amada es Amada Libertad.2

seguimos recordándote dando siempre los mismos pasos, los pasos de los nuestros, nuestros muertos, tus pasos.


“Mi tarjeta de presentación es la lucha
mi título: El sacrificio que goteamos en cada canto.”3


San Salvador, 11 de julio de 2012, 21 años después.
JORGE HAGUILAR



NOTAS
1.         Maya, seudónimo de la hermana de Amada Libertad.
2.         Fragmento de un poema de Jorge Haguilar.
3.         Poema Curriculum Vitae, de Amada Libertad.

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